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Relato erótico: Ana seduciendo al jefe

Algo que me gusta un montón son los relatos y libros eróticos, por eso este blog tiene un espacio especial para que compartas tus fantasías, poesía o historias. Así mismo, si  prefieres hacer una recomendación de un libro erótico para leer, también será tenida en cuenta tu recomendación.
Si no quieres que aparezca tu nombre, no hay problema.
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Espero te guste este relato que nos ha enviado Ana y ha titulado: «seduciendo al jefe», gracias a ella por su participación y esperamos nos siga contando sus aventuras.

Mi jefe es el hombre más sexy del mundo con sus 1,90 de estatura, cuerpo atlético, ojos profundos y una gran sonrisa.
Aunque no todo es perfecto, ya que tiene un pequeña cicatriz en su cara que lo hace aún más misterioso y peligroso.
Debo confesar que de un tiempo para acá trabajo completamente excitada. He llegado al punto en que llevo más de un mes masturbándome en el baño a la hora del almuerzo de lo mal que me deja cada que está cerca de mi.
Escuchar su voz de barítono, me excita completamente, al punto que con una dura mirada y una orden me mojo completamente.
Después de un año de observarlo y de estar pendiente de cada cosa que le gusta y no, he descubierto la mejor manera de jugar con él, sea que lo sepa o que no. Así que ando en una campaña activa que he llamado: «seduciendo al jefe».

Durante un año he sido la empleada perfecta: ordenada, organizada, cumplida y hasta me adelantaba a sus deseos.
Pero al ver que eso no funcionaba para que se fijara en mi, he cambiado de estrategia. Así que ahora soy un poquito desordenada, no hago las tareas a tiempo y me hago la que hablo de temas calientes con mi «novio» cuando sé que esta cerca.
Él solamente me observa mueve su cabeza y me ordena algo que definitivamente tengo que hacer en su oficina, de esa manera me puede «controlar» mejor, porque como dice, ese «novio» está sacando lo peor de mí.
Si él supiera…
Además, he cambiado mi forma de vestir, sigo vistiendo «recatada», pero mucho mas sexy y provocativa, ya sea en el escote, el peinado o el maquillaje y sé que lo nota, pero es un hombre difícil.
Sin embargo soy optimista y he sentido que hoy las cosas van a cambiar. Me ha dicho que debo quedarme en la noche pues hay un trabajo que no he terminado.
Claro que ya lo hice, simplemente le he dado largas, con la esperanza de llegar a esto. Estar a solas con él cuando no hay nadie cerca para interrumpirnos.
Estoy expectante y el momento está llegando, estoy excitada, nerviosa pero lista.
Me he puesto, a diferencia de todos los viernes que me pongo pantalón, una falda más corta de lo normal y unos grandes «tacones fóllame», nada prácticos pero que tienen un gran mensaje.
Así como un escote pronunciado que muestra mi ropa interior sexy y que he tenido escondida todo el día.
Me llama al teléfono y me dice que es hora de reunirnos a realizar el trabajo.
Me pongo labial, me quito la chaqueta y entro a su oficina. Él esta parado mirando por la ventana sumido en sus pensamientos.
Cuando entro cierro la puerta tras de mi y empiezo a caminar. 
Él da la vuelta tras sentir los zapatos y se queda mirándome fijamente las piernas y mi escote.
Camino hacia él. No hacia la silla donde debería sentarme.
Me sigue mirando fijamente, con una mirada caliente (o al menos eso espero) Llego muy cerca de él y le digo, con toda el deseo en mis ojos y en mi voz «qué deseas que haga por ti, jefe».
Nunca lo llamo jefe y mucho menos lo tuteo, siempre es Mr. Douglas.
Él vuelve a mirarme, ahora evalúa completamente mi cuerpo, por poco y me dice que le de una vueltita.
Tras su larga y dura exploración, que me tiene muy excitada dice:  «Limpia el escrito y pon todo en la mesa del lado»
Vaya, no esperaba eso, disimulo mi decepción con un sonrisa y un paso firme hacia su escritorio. Hago lo que me pide.
Él se queda al lado de la ventana observando como paso todo.
Faltaba solamente una pila de documentos cuando me toma desde atrás fuertemente y me fija contra la mesa, acomodando su polla en mi trasero (que siento bastante dura) y me dice susurrando en mi oído:
«¿Estas segura que esto es lo que quieres, pequeña?»
Diosss quiero gritar «siiiii, joder siiiii» pero meneo mi culo para sentirlo mejor y volteo mi cara para mirarlo mientras le dijo: «definitivamente sí».
Él me besa el cuello y me dice: «cómo, dónde, cuándo y lo que yo quiera. Esa es la condición».
«No hay problema, puedes hacerme lo que quieras, cuándo quieras, cómo quieras, dónde quieras» le respondo sin aliento.
Bien, no necesitó más invitación. Me presionó más fuerte en la mesa, sube mis manos arriba de mi cabeza, me abre mis piernas, sube mi falda y empieza a tocarme el culo.
Dios estaba tan excitada y el era firme y fuerte con sus caricias.

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Me dice al oído. «Voy a darte unas nalgadas porque has sido una chica mala estas semanas, pero no creas que con esto pagarás tu rebeldía, te castigaré durante algunos días más» 
Sin más preámbulo me dio una palmada en el culo.
Era la primera vez que hacía algo así y dolía, pero Dios eran tan excitante al mismo tiempo estar así restringida por él y tan expuesta mientras me daba nalgadas.
No sé en que momento empecé a gemir y a restregarme con el escritorio pero necesitaba mi liberación.
Me dio la vuelta destrozo mi blusa, me subió en el escritorio y empezó a besar mis testas mientras rasgaba mis bragas y empezaba a acariciar mi sexo con unos dedos talentosos.
Estaba tan caliente, no podía decir o hacer nada, salvo sentir como me poseía con su dedos y su boca que lentamente fue bajando hasta llegar a mi vagina y si sus dedos eran talentosos, no quiero presumir lo que su boca hizo, pero puedo decirles que entre sus dedos, su lengua y sus labios llegué dos veces y fue sencillamente alucinante. 
Estaba saciada, pero aún quería más, así que cuando él se separó un poquito del escritorio y me dijo que le quitara el pantalón, lo hice rápidamente y no tuve tiempo de más.
Me levantó en sus brazos pego mi espalda a la ventana y me penetró sin más preámbulo.
Fue una posesión en toda regla, un bombeo que se intensificaba a cada paso y era maravilloso.
Mientras sus manos agarraban mi culo para tenerme firmemente confinada yo me aferraba a él con piernas y brazos completamente.
Creo que llegué a enterrarle las puntillas de los tacones en su culo, pues no me los había quitado.
Intenté agarrar su cuello pero una de sus manos levanto mis dos manos encima de mi cabeza para restringirme mientras seguía bombeando dentro de mi.
Si los anteriores orgasmos fueron increíbles, este fue aún mejor. 
Puedo decirles que ha sido el mejor sexo de mi vida, al menos hasta el día siguiente…
Esto de andar seduciendo al jefe ha sido genial y la mejor experiencia que he tenido nunca.

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Seduciendo al jefe es una historia enviada por una lectora de Hablando de Sexo. Si quieres enviarnos tu historia puedes hacerlo escribiendo a aquí.

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