Qué es la infidelidad y por qué duele tanto
Pero antes de hablar de dolor, culpa o perdón, conviene empezar por lo básico: qué es la infidelidad y por qué no siempre significa lo mismo para todas las parejas.
Y es que pocas palabras generan tanto revuelo en una relación como esta: infidelidad.
No nos deja indiferentes. La hemos vivido de cerca, ya sea en nuestra propia relación, en la de nuestros padres, en la de una amiga.
Y si todavía no te ha tocado, es probable que en algún momento te ronde la cabeza como una posibilidad que nadie quiere nombrar pero que todos temen.
Hoy quiero hablar de esto sin tapujos. Qué es la infidelidad de verdad, por qué ocurre más allá del «es que no le daban lo que quería en casa«, y qué es lo que más duele cuando pasa. Porque no siempre es lo que creemos.
¿Qué es la infidelidad en una relación de pareja?
Si buscas la definición, encontrarás que infidelidad es «falta de fidelidad» y fidelidad es «firmeza o constancia en los afectos, ideas y obligaciones, además del cumplimiento de los compromisos establecidos«.
Para mí la infidelidad es algo más concreto: romper los acuerdos que has hecho con tu pareja.
Y aquí viene un matiz importante: si nunca hicieron acuerdos, si nunca dijeron qué entendía cada uno por estar en una relación, entonces el terreno es mucho más resbaladizo de lo que parece.
Y es importante tener claro que esto no significa que “todo valga” si no se habló antes. Significa que muchas parejas funcionan sobre supuestos distintos, y esos supuestos pueden hacer muchísimo daño cuando chocan.
Porque hay quien empieza una relación dando por sentado que «se supone» que hay fidelidad, sin haberlo hablado nunca. Y resulta que la otra persona tiene una idea completamente diferente de lo que significa estar juntos en una relación. Eso no lo justifica todo, pero sí explica muchas cosas.
Por eso hablo tanto de los acuerdos. Porque cuando los hay, cuando hay algo concreto que se ha construido entre los dos, la infidelidad es una ruptura clara de algo real. Cuando no los hay, estamos rompiendo supuestos que nunca se pusieron sobre la mesa.
Una aventura puntual no duele igual que una relación paralela
Hay una diferencia importante entre lo que podríamos llamar una aventura puntual y tener un amante.
La primera ocurre sin premeditación. Estás de viaje, conoces a alguien, se dan las circunstancias y pasa algo. No lo buscabas, no lo planeaste.
Es una de las formas de infidelidad más difíciles de entender, pero también, según todo lo que he leído y vivido, puede ser más fácil de procesar para algunas personas si hay honestidad después.
La segunda es otra historia. Tener una relación paralela durante meses o años, construir mentiras sobre mentiras, desviar tiempo y energía emocional hacia otra persona mientras le dices a tu pareja que todo está bien… eso es lo que destroza de verdad.
Porque cuando se descubre, te obliga a repasar hacia atrás: ese día que dijo que tenía mucho trabajo, aquella celebración a la que no llegó, aquel viaje que no cuadraba. Y toda esa revisión es devastadora.
Por qué somos infieles (y no siempre es por lo que crees)
El tópico dice que la infidelidad ocurre porque en casa no te dan lo que necesitas. Y a veces es así. Pero hay más causas, y vale la pena mirarlas de frente.
Buscar fuera lo que no hay dentro
Si en la relación hay demasiada tensión, buscas calma afuera. Si hay demasiada tranquilidad, buscas emoción.
La infidelidad a veces es una búsqueda de algo que falta, no necesariamente una persona mejor.
Querer sentirse deseada
Ese fuego del principio, esa sensación de que alguien te mira con hambre, va menguando con el tiempo en la mayoría de las relaciones. Cuando alguien de fuera te lo devuelve, puede ser muy difícil resistirse.
La búsqueda de la pareja perfecta
Hay personas que siempre tienen la sensación de que lo que tienen no es suficiente, que en algún lugar hay alguien mejor esperando. Esa búsqueda constante lleva a infidelidades que no tienen nada que ver con la pareja actual.
La venganza
Consciente o inconsciente. Tu pareja te hizo daño y tú buscas una manera de equilibrar esa balanza. A veces ni te das cuenta de que lo estás haciendo.
La baja autoestima
Cuando no te quieres suficiente, necesitas que otros te lo confirmen. Una persona que aparece en ese momento de vulnerabilidad puede sentirse como una confirmación de valor, deseo o importancia.
Por eso trabajar el amor propio no es un lujo: es protección.
Cerrar ciclos que no se cerraron
Aquella relación que terminó mal, que dejó cosas sin decir, sin resolver. Y años después reaparece esa persona, y hay algo que todavía vibra. No es amor de vuelta, es un cabo suelto que tu mente quiere atar.
El ego
Conquistar a alguien que ya está comprometido tiene un componente de «puedo con todo». Es adrenalina pura. Y tiene más que ver con cómo te ves a ti misma que con la persona a quien conquistas.
Yo misma he sido infiel en relaciones pasadas. Lo digo así, sin rodeos. En aquella época era joven, no quería compromiso, y tenía mucho miedo a que me hicieran daño.
La adrenalina de que no me pillaran era parte del juego. Tuve que hacer mucho trabajo interno para entender qué había detrás de eso.
No lo digo para justificarlo, sino porque hablar de infidelidad como si solo les pasara a ‘los malos’ no ayuda a entender nada.
Las tres cosas que más duelen cuando hay una infidelidad
Y aquí viene lo que creo que más importa entender, porque muchas veces el dolor no viene de donde pensamos.
La traición a los acuerdos. Habían construido algo juntos. Habían decidido, implícita o explícitamente, qué significaba la relación que estaban construyendo. Y eso se rompió. El dolor de ver destruido algo que creíste sólido es muy profundo.
La mentira. Lo que más me dolió a mí cuando me fueron infiel con 17 años no fue lo que pasó. Fue que él no fue capaz de contármelo. Toda la maquinaria de engaño que se pone en marcha cuando alguien es infiel, las excusas, las coartadas, los mensajes calculados, eso es lo que de verdad corroe la relación.
He escuchado a muchas personas decir exactamente lo mismo: «que me hubiera sido infiel, lo podría haber entendido. Que me mintiera tanto tiempo, eso no lo perdono.»
La pérdida de confianza. Y es la más difícil de recuperar. Porque una vez que sabes que alguien pudo hacerlo una vez, tu cabeza empieza a preguntarse cuándo más. Cada ausencia, cada mensaje, cada momento de distancia se convierte en una pregunta. Vivir así no es una relación: es una investigación constante que agota a todos los implicados.
La infidelidad es, antes que nada, una decisión
Esto es lo que más me costó aceptar y lo que más me ha liberado: la infidelidad no suele “pasar” sin más. En algún punto, aunque haya deseo, confusión, carencias o impulso, hay una decisión.
Hay un momento, siempre, en que uno puede retirarse. Puede no contestar ese mensaje, puede no quedarse a solas con esa persona, puede elegir ir hacia otro lado. Y en ese momento, consciente o no, toma una decisión.
Reconocerlo no significa juzgar ni condenar. Significa asumir que tenemos más control del que creemos sobre lo que hacemos en nuestras relaciones. Y que si queremos construir algo diferente, también tenemos el poder de hacerlo.
SexPregunta del día
¿Has vivido la infidelidad desde alguno de los dos lados? ¿Qué fue lo que más te dolió o lo que más aprendiste de esa experiencia? Me encantaría leer tu historia en los comentarios.
Si estás viviendo las consecuencias de una infidelidad, ya sea porque te han sido infiel o porque has sido tú quien la cometió, y necesitas un espacio para trabajar todo lo que eso mueve, en mi mentoría podemos ir al fondo de lo que está pasando. Son cuatro sesiones donde trabajamos lo que importa de verdad. Si te interesa, escríbeme y hablamos.
