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Todo lo que no sabes de las webcam

La webcam es conocida por muchos como un dispositivo que nos sirve para vernos con otras personas mediante videollamadas (a través de internet, principalmente).

Se popularizó gracias a nuestros ordenadores de sobremesa, y de ahí saltó a los teléfonos móviles y a los ordenadores portátiles.

El asunto es que desde hace mucho tiempo también se conoce la webcam en el mundo del sexo.

De hecho, ¡casi que desde que el MSN Messenger y Skype fueron lo bastante estables como para darles soporte!

Y quizás intuyas que voy a contarte que esto comenzó en parte gracias a los antiguos servicios de línea caliente.

Seguro habrás visto algo similar en las webcam de sexo con mujeres. Y sí, esta es una de las industrias donde predominan y tienen más éxito las mujeres… Aunque también hay muchos hombres que trabajan como webcamers.

Con este texto vengo a responder dos preguntas: ¿Cómo funciona esto? ¿Y por qué merece hablar de ello?

Te lo cuento…

La industria de las webcams eróticas y de sexo comenzó gracias a varios canales de televisión. Ya sabes, esos que tenían líneas calientes.

Hubo varios que dieron el salto de la pequeña pantalla al internet y con eso se creó una primera semilla.

También hubo empresas que crearon servicios para que personas exhibicionistas pudieran exponerse a sus anchas.

Y como los seres humanos somos de aprovechar a nuestro gusto cualquier oportunidad que nos dejan, también pasó lo que te dije antes.

Tan pronto mejoraron los servicios y webs de telecomunicaciones, ahí estábamos intercambiando mensajes, fotos, vídeos y llamadas calientes con otras personas.

Era cuestión de tiempo que las personas vieran en ello una oportunidad… Y ninguna más clara que la que se ha dado en los últimos diez años.

Las plataformas de streaming para webcams de sexo son ahora más conocidas. De hecho, puede que sepas el nombre de tres o cuatro y ni siquiera te hayas dado cuenta de cómo los aprendiste.😉

¡Y bien! ¿Por qué es tan relevante hablar de esto hoy en día?

Pues por el impacto que ha tenido en nuestra sociedad, en nuestras relaciones y en las dinámicas sociales.

Resulta que desde hace más o menos 15-20 años hay un sector de personas en continuo crecimiento que a menudo se hacen llamar «sexworkers», o «sw» para abreviar. Un término que antes estaba reservado para quien se prostituía o hacía porno, y poco más.

Bueno, adelantemos a 2015 y vemos que para muchas personas es una manera relativamente segura y divertida de ganarse un dinero extra.

Así que se invierten muchos recursos en darle alas a esa nueva tendencia, y de paso aprovechan las ventajas de la ola gamer.

¿Mejores ordenadores, webcams y conexiones a internet? ¡Un sueño húmedo!

Y si saltamos ahora hasta 2020, lo que más nos viene a la cabeza es… Exacto: el confinamiento.

Debido a los encierros de la pandemia, muchas personas se vieron obligadas a buscar trabajos para hacer desde casa.

Se cerró todo a la fuerza, y el resultado de ello ya lo conocemos: despidos, empresas quebradas, etc.

¿Qué crees que hicieron algunas personas, incluyendo actores, políticos y demás figuras públicas?

Exacto: buscarse otra fuente de ingresos que les permitiera, además, cierto sustento emocional y psicológico. Porque sí, ¡en esto también hay un componente de satisfacción personal, y no sólo económica!

Como te imaginarás, la cantidad de gente emitiendo en su propia webcam erótica, sensual o sexual aumentó considerablemente.

Tanto así que hoy en día es común escuchar que X amiga, o vecina, o familiar o pareja está trabajando en esto.

De hecho, en Colombia (mi amado país) hay incluso escuelas y agencias especializadas en formar webcamers. ¡Hasta ese punto llega el tema!

Y si le invierten tanto es también porque es una buena entrada de dinero, a menudo sin salir de casa y haciendo algo que incluso se disfruta.

De hecho, no hace mucho que Sergio me habló de la pareja de streamers sexuales más famosa de Japón (Emuyumi Couple) y de lo que ganan a través de varias plataformas.

¡Entre 27.000 y 36.000 dólares americanos extra cada mes, y llevan menos de un año emitiendo!

Pero cabe tener en cuenta que esto no es prostitución como tal.  Aunque estás vendiendo tu atención, tu tiempo, tu desnudez y tu erotismo a cambio de dinero, no hay sexo con otras personas. Como mucho, hay una interacción escrita y audiovisual.

La gran pregunta es esta: ¿se considera sexo con todas las consecuencias al cibersexo, o no cuenta?

E independientemente de si se considera o no… ¿Cómo afecta esta nueva profesión a las relaciones de pareja y a otros niveles de la vida de las personas que empiezan a trabajar en ello?

Porque aunque a priori esto parece un modo sencillo y divertido de ganar dinero, también tiene sus riesgos y sus consecuencias.

Es más, una de las páginas más antiguas de este campo lo dice claro: «Nuestras modelos ya habían cometido un suicidio social solamente por su estética o sus gustos. No encajan en la norma, y nosotros queremos ser una comunidad donde congregarse para celebrar la belleza alternativa».

Pero ya sabemos que lo que entra en internet se sale de nuestro control… Y que cada uno se toma las cosas como quiere.

Así que no te extrañará si te cuento (o te recuerdo) que se han dado múltiples casos de personas con problemas tras saberse que han tenido un pasado como webcamers y modelos de contenido para adultos.

Prácticamente los mismos problemas que cuando se filtran imágenes íntimas sin nuestro consentimiento: dificultades para encontrar un trabajo estable, pérdida inmediata del empleo actual y de oportunidades laborales, amistades que se alejan, relaciones de pareja que terminan y hasta familiares que te retiran la palabra.

¿Te extraña ahora la expresión «suicidio social»? ¿Y si te digo que ha habido suicidios de verdad ante una crisis como esta?

Al final mi mensaje es el de siempre: si vas a hacer algo, mejor con cabeza y de una forma sana, madura y responsable. O como dice mi mamá: si decides hacer algo, asegúrate de que no te va a quitar el sueño.

Ni siquiera las páginas con acceso por pago son impenetrables. En todo internet pueden darse filtraciones. Así que, si andabas pensando en hacer unos ahorritos por este medio, ¡piensa en ello con cuidado!

Por mi parte yo veo webcams de vez en cuando con mi pareja, pero no emitimos juntos.

Vemos de todo entre exhibicionistas amateur y modelos profesionales desde el principio de nuestra relación. Desde personas que batallan con esto porque quieren hacer unos ingresos, hasta otras que están por puro morbo.

Y ahí está nuestro límite saludable: a nosotros no nos interesa dejarnos ver, o no de esta manera al menos.

Así que te dejo con estas preguntas: ¿ya tienes alguna experiencia con las webcams de sexo y el nuevo entretenimiento adulto? ¿Cómo te mueves tú en este ambiente? ¿Cuál es tu límite saludable?

Por Diana Garcés

Me encanta escribir sobre mis experiencias y las dudas que tengo con respecto a mi sexualidad y las relaciones. Por ello he creado este espacio para hablar y compartir contigo lo que vivo y aprendo.

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