Relaciones conscientes: ¿de qué va eso exactamente?
Hace un tiempo participé en un congreso internacional sobre marketing y negocios, siendo casi la única persona hablando de sexo entre muchísimos ponentes.
Mi charla se llamaba «Sexo sin tabúes como parte de una relación consciente» y, mientras la preparaba, me di cuenta de algo: todo el mundo usa la expresión relaciones conscientes, pero muy pocas personas tienen claro de qué va eso en realidad.
Así que hoy quiero contarte lo que significa para mí, porque creo que no ha quedado muy claro hasta ahora.
No con la idea de que lo copies tal cual, sino para que lo uses como punto de partida y definas tu propia versión.
¿Qué son las relaciones conscientes?
Para mí, una relación consciente es una relación que nace de tus propios principios, no de lo que te impuso una religión, una cultura, una familia o la idea de lo que “se supone” que toca hacer.
Todos crecimos con unas bases, muchas de ellas útiles, porque gracias a eso funcionamos como sociedad, pero llega un momento en el que, después de vivir ciertas experiencias y conectar con tu ser más auténtico, descubres que tu sexualidad, tu vida, tu forma de amar, pueden ser de otra manera.
No hablo solo de sexo. Hablo de cuestionar el trabajo convencional, el vivir siempre en la misma ciudad, el seguir el orden «correcto» de las cosas.
Todo ese autoconocimiento es el que te permite construir una vida y una relación que realmente quieres vivir.
La base de todo: el trabajo en ti misma
Aquí va lo que más me gusta repetir: en las relaciones conscientes, la persona más importante eres tú.
Por eso hay que trabajar el amor propio, saber qué te gusta, qué no te gusta y cómo pedirlo. Sí, sé que suena a moda de redes sociales, pero es muchísimo más que eso.
Alguien que construye una relación consciente no busca pareja por miedo a la soledad, ni por no ser «la única soltera en la fiesta».
La persona que busca relaciones conscientes no busca su media naranja porque no se siente una naranja incompleta. Entra en la relación siendo una persona completa, para recorrer el camino junto a otra persona, no para que esa persona sea su camino.
Celos, apego y discusiones en una relación consciente
En las relaciones conscientes también cambia la forma de gestionar los temas difíciles como: los celos, la posesión, el «eres mío porque estás conmigo».
Ese tipo de emociones o sentimientos no desaparece por arte de magia, al fin y al cabo seguimos siendo humanos, pero se maneja distinto.
En lugar de discutir a gritos, se habla desde el «estoy sintiendo esto». Algo tan básico que se conoce como respeto. Desde la aceptación de las diferencias. En este tipo de relaciones escuchamos frases como: «yo te acepto tal como eres y tú me aceptas a mí».
No se trata de fusionarse ni de cambiar al otro para encajar. Se trata de coexistir, de encontrar un punto medio para complementarse sin perder quién eres.
Se redefine todo: fidelidad, apego, cariño
Una de las cosas más interesantes de este tipo de relación es que ningún concepto viene ya empaquetado o tallado en piedra.
La fidelidad, el apego, la forma de demostrar cariño… todo se vuelve a negociar según la pareja y el momento de vida que estén viviendo.
Por eso ninguna relación consciente se parece a la anterior: lo que negociaste con una persona no necesariamente aplica con la siguiente. Hay que volver a hablar, a poner límites, a expandirse y seguir creciendo.
¿Y cuando una relación consciente se termina?
Esto me parece de lo más bonito del concepto. En las relaciones conscientes, nadie está por obligación. No estás porque «toca», ni por responsabilidad, ni por costumbre. Estás porque ambos lo desean.
Eso significa que el día que una de las dos personas quiere irse, se va, y aunque duele, como duele cualquier pérdida, no es el fin del mundo para nadie.
Cada quien vive el duelo a su manera. Hay quien en dos semanas ya está en otra historia, y hay quien necesita dos o tres años para sí misma.
Ninguna de las dos formas es mejor ni peor. Lo que sí hay que vigilar es no saltar de relación en relación por miedo a la soledad, o alejarte de todo el mundo por miedo a que te vuelvan a herir.
Ahí ya no estamos hablando de consciencia, sino de miedo puro.

No busques la fórmula, busca tu propia verdad
Sé que todo esto puede sonar bastante idílico. Seguro has pensado alguna vez que en las relaciones conscientes no sientes rabia o no peleas con tu pareja.
Y es que resulta que sí, esos momentos también existen en una relación consciente, la diferencia está en cómo los gestionas.
En una relación consciente también puede haber rabia, quejas o momentos torpes. La diferencia es que no se usan como forma de humillar, castigar o ganar poder sobre la otra persona. Se intentan transformar en conversación honesta, vulnerabilidad, respeto y responsabilidad afectiva.
No hay trucos ni secretos mágicos. Lo que sí te invito a hacer es explorar:
- ¿Qué tipo de relación quieres tener?
- ¿Qué quieres construir con la persona con la que estás?
No tienes que seguir mis pasos ni los de nadie. Constrúyelo desde tu propia experiencia, un día a la vez.
Y si en algún momento sientes que el camino no es, puedes devolverte y buscar otra salida. Aquí no hay ruta correcta ni incorrecta.
Un último punto importante
Si este tema te llama la atención y quieres hablar de ello con tu pareja, hazlo siempre desde el respeto. No preguntes con morbo, no busques disfrazarlo de «debate profundo». Las conversaciones sobre sexualidad y relaciones se sostienen sobre la misma base que las relaciones conscientes: respeto, honestidad y ganas reales de aprender juntas.
Si necesitas ayuda para hablar con tu pareja o para definir qué son las relaciones conscientes para ti. Escríbeme, seguro puedo ayudarte.
¿Tú qué opinas? ¿Te identificas con esta idea de las relaciones conscientes o te suena más a otra cosa? Cuéntame en los comentarios, que para eso estamos: para debatir y aprender juntas.