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¿Tres son multitud?

Enunciado así, el título de este artículo puede inducir a error. ¿Cuántas declaraciones de víctimas de infidelidades no habrán comenzado de ese modo? La memoria televisiva nos hace recordar, sin duda, la célebre intervención de una carismática Diana de Gales hablando sin cortapisas en la televisión pública inglesa.
Sin embargo, hoy me he permitido la licencia de tomar prestada esta expresión popular para hablar de un tema por el que a menudo pasamos de puntillas: la sexualidad tras la llegada de un nuevo miembro a la familia.
¿Cómo cambia la forma en que el hombre y la mujer viven su intimidad después de haber sido padres? Y es que muy pocas veces nos paramos a pensar en el impacto real que este paso tiene en la pareja.
Tendemos a analizar todas las fases que se suceden en la creación de un vínculo sexual y afectivo entre el hombre y la mujer, entre dos hombres o entre dos mujeres, desde el flirteo inicial a la conquista de la compatibilidad en el sexo. Sin embargo, no solemos ir más allá de dicho umbral. Pero, ¿qué sucede cuando una pareja decide ir un paso más allá?
Inevitablemente, el embarazo y el parto –así como la adopción o el embarazo por surrogacía- conllevan cambios –si bien no necesariamente profundos- en los roles de ambos. Las alteraciones hormonales en el primer caso, los miedos respectivos, las incertidumbres, la esperanza y la alegría pueden constituir un cóctel difícil en ocasiones de digerir.
Son frecuentes las crisis en plena espera, las dudas sobre la idoneidad de uno y otro, los malos humores o los enfados más o menos motivados. Y cuando el bebé ya está en casa, la tensión acumulada que amenazaba con hacer saltar por los aires el proyecto de pareja tiende a diluirse… o no.
Tras dar a luz, la genitalidad de la mujer se ve alterada. El dolor o las molestias pueden sobrevenir y hacer que el sexo, al contrario que nueve meses antes, se convierta más en un trámite que en un momento gozoso. El período de cuarentena (puerperio) está especialmente indicado para que ella se recupere a todos los niveles de la gestación y el nacimiento del bebé.
Por eso, puede que experimente un descenso más o menos acusado de la libido. También es frecuente que el hombre sienta una cierta inapetencia sexual. Al fin y al cabo, tener un hijo supone incorporar un nuevo elemento a la vida de pareja.
Frente al individualismo y al equilibrio entre dos voluntades, se impone la necesidad de velar por un tercero. Por ello, es muy importante fomentar el diálogo entre ambos. Hablar de las respectivas emociones, de las expectativas y necesidades de cada uno ayudará a canalizar el deseo –o su ausencia. No hay que olvidar que la paternidad y la maternidad no implican en modo alguno el fin de la sexualidad plena y gozosa.
Claudia Méndez
Blog Sexualidad-X

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2 comentarios

  1. Claro que no, los tríos son la moda hoy en día, pero en cuanto a los niños esos si que son un pequeño escollo en el camino, aunque si la pareja estuvo de acuerdo en concebirlos, pues en vez de separarlos debe ser un motivo más para estar unidos y compartir las trasnochadas.