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Relato erótico: Enamorada de un hombre que le gusta el control

El relato erótico que te presento a continuación es una historia de ficción que me he inventado para compartirte una manera diferente de tener una relación sexual con una persona que le gusta el control y de una mujer que no tiene ningún problema con ello.

Debo decir que nunca me consideré una persona que pudiera recibir ordenes.
Tampoco me considero una persona controladora, pero cuando descubrí que un hombre no podía darme el placer que necesitaba empecé a buscarlo por mi misma y dejé de esperar que él me lo diera.
No diré que fue una tarea sencilla, para nada. Muchas veces podía tener sexo regular y orgasmos muy escasos.
Sin embargo, ahora que no tengo el control, parece ser que es muy natural en mí entregarme y obedecer.
Sé que muchas odiamos esa palabra, al fin y al cabo hemos luchado durante siglos en busca de libertad, así y todo también es cierto que con la persona indicada y en los momentos justos, dar ese poder a otro, puede ser una liberación que nos hace disfrutar realmente de nuestro placer y el de nuestra pareja.
Con toda esta introducción, puedes entrever que definitivamente este nuevo rol me gusta y lo estoy disfrutando, porque Tom ha resultado ser un maestro increíble y sobre todo una persona que le encanta darme placer. Algo aún más increíble.

¿Cómo transcurrió nuestro fin de semana?

Seguro esa es la pregunta que tienes, tras leer mi primer relato. Pues bien, después de besarme de una manera que nunca nadie antes lo había hecho, me soltó y me dijo:

– Come tu desayuno, voy a preparar el baño

Y salió dejándome sola. Yo muy obedientemente me comí el desayuno, lave los platos y esperé nerviosa en la cocina.
No sabía si ir al cuarto y ver qué hacia o esperar simplemente a que él me dijera que fuera.
Había olvidado lo difícil que es empezar una relación cuando uno no sabe cómo actuar en determinadas situaciones.
El tiempo pasó y estaba sumida en mis pensamientos cuando llegó y me abrazó por detrás, empezó a besarme el cuello suavemente. Era una caricia muy erótica. Me dijo al oído:

«Está listo el baño, vamos»

La mañana estaba fría y el cielo estaba oscuro. Lo que hacía que parecía que fuera ya muy tarde.
Entramos al cuarto de baño y habían velas encendidas y una deliciosa tina llena de agua caliente.
Empezó a desnudarme y aunque al principio me puse rígida por la impresión de que viera mi cuerpo desnudo, me fui relajando gracias a sus palabras y sus besos en mi cuello.
Me desnudó con gran habilidad y me ayudó a entrar en la bañera. El agua estaba deliciosa y sentí mucho placer al estar allí mientras el me enjabonaba y jugaba con mi cuerpo.
De un momento a otro, se paró y empezó a quitarse la ropa. Cuando lo vi desnudo, fue una visión maravillosa.
Siempre me ha gustado el cuerpo de un hombre, sobre todo uno que este bien moldeado y sin grasa de más.
Su cuerpo es perfecto y estaba tan excitado que su pene era toda una visión.
Se metió en la tina frente a mí y empezó a masajear mis pies y mis piernas. No sabía si debía hacer lo mismo. Así que me quedé quieta.
Yo no hablaba, no sabía qué decir, si decía algo inapropiado o hablaba estupideces y salía del cuarto, seguramente no lo volvería a ver. Por lo cual me quedé callada observándolo y excitándome con sus caricias.
Después de un momento me dijo:

«Ven, quiero que me enjabones y me bañes».

Así que me acerqué he hice lo que me pidió.
Era genial tocar su cuerpo y lo cierto es que yo me excitaba solamente mirándole a los ojos.
Ahora que podía tocarlo estaba totalmente encendida. Él volvió a enjabonarme y juntos nos juagamos.
Salió primero de la ducha, se secó y luego me ayudó a salir y empezó a secar mi cuerpo.
Nuevamente sentí las ganas de cubrirme. Me sentía muy vulnerable. Mi cuerpo no es que sea de mi total agrado, pero al parecer a él le gusta mucho. Porque me acaricia cada parte con mucha reverencia y ternura. Era desgarrador.
Cuando estuve completamente seca, me puso una bata encima y el se puso sus bóxer y me dijo que habláramos un rato.
Me quedé algo decepcionada porque quería entrar en acción, pero él, a pesar de estar muy excitado (lo veía) quería hablar.
No podía decir que no, así que lo seguí cuando me llevó a la sala y se sentó en el sofá.
Me senté al lado de él pero el me tomó de las caderas y me sentó en el suelo, de espaldas a él. Según él, así era más fácil cepillar y secar mi pelo. Cosa que empezó a hacer mientras hablábamos.
Me preguntó por mi familia, por el lugar en el que nací, lo que hacía, lo que me gustaba, en qué dedicaba el tiempo libre y cosas por el estilo.
Le pregunté si él podía contarme algo de él y me dijo que claro, que podía preguntarle lo que quisiera y desde luego eso hice.
No me di cuenta, pero había pasado un buen rato. Mi cabello estaba seco y él estaba simplemente tocándome la cabeza mientras seguíamos hablando.
De un momento a otro me levantó y me sentó en su regazo y me preguntó cosas más serias.
Como por ejemplo qué me gustaba de un amante, qué esperaba en una relación, qué líneas no cruzaría en el sexo. Cuáles eran mis fantasías…
No te diré mentiras, al principio me costó mucho hablar del tema. No sabía cómo responder, qué decir, que no lo hiciera dejarme en ese momento, cuando aún no había pasado nada.
Sin embargo, era agradable hablar con él.
Era ameno, simpático, sencillo y muy accesible, así que me abrí completamente y le compartí mis miedos, inseguridades, sueños y fantasías.
Nos trasladamos a la cocina, donde él empezó a hacer el almuerzo, mientras yo seguía hablando. Él me hacía más preguntas y tras vencer mi vergüenza le hablé sin problema.
Él se me acercaba por ratos y me besaba como la primera vez. Un beso arrollador y delicioso que me dejaba hecha gelatina.
Nos sentamos a comer una sencilla y rica pasta que hizo y luego comimos un pedazo de torta que trajimos la noche anterior de casa de su hermana.
Él comía y me daba, otras veces me daba y me besaba quitándome los pedazos de mi boca.
Después de un rato me dijo:

«Quiero que te sientes en el suelo, me quites el bóxer y me hagas una mamada»

Lo mire a los ojos y vi su orden allí.
No esperaba nada menos que yo obedeciera y eso hice. Sin embargo, cuando me pare para sentarme a sus pies, me dijo:

«Quitáte la bata y ponla en el suelo, así no te dará frío»

Si, como no. Pensé, pero lo hice.
Quedé desnuda frente a él, moví la bata frente a su silla. Me arrodillé, le quite los bóxer y observé su pene durante un momento.
No sabía cómo proceder, ya había hecho esto antes, pero no con él.
Él vio mi duda, pero no dijo nada. Esperó a ver lo que yo hacia, pero mientras observaba su pene, notaba cómo se endurecía más y yo solamente salivaba.
Al final lo toqué de arriba a abajo con mis dos manos y noté cuán duro estaba.
Luego saqué mi lengua y lamí la punta de su pene y probé un poquito de su líquido pre-seminal. Luego, muy lentamente empecé a meterlo en mi boca.
No sabía cómo hacer, estaba muy excitado, pero él no tenía problema en decir qué quería y me daba ordenes a cada momento. 
Que tan duro debía chupar, agarrar, tomar sus bolas, succionar y demás.
Estuvimos así un buen rato, yo me sentía muy excitada y quería acariciar mi clítores, pero él obligaba a mis manos a estar siempre sobre él.
De un momento a otro tomó mi cabeza y me dijo:

«Me voy a venir en tu boca y en tu pecho, nena. Así que tómalo todo. Tú puedes»

Y empezó a moverse en serio.
Nunca había permitió que un hombre llegara en mi boca, pero con él era imposible no hacerlo, no solamente porque me tenía dominada, sino porque me decía qué tenia que hacer, cómo respirar y qué tanto abrir y cerrar la boca.
Era genial tener ese poder, sentir cómo él iba perdiendo el control, hasta que estalló en mi boca.
Debo decir que la experiencia fue sublime. Estaba tan excitada que pensé que iba a correrme en ese momento, pero él me tomo en sus brazo, me subió sobre la mesa, abrió mis piernas y empezó a hacerme el mejor cunnilingus que me han hecho en mi vida.
Fue alucinante, exploté en un segundo pero él siguió torturándome por un rato más.
Creo que me vine unas tres veces en ese momento. Estaba totalmente complacía y exhausta.
Me llevó en sus brazos a la cama y nos acostamos desnudos juntos.
Me quedé dormida.
No sé cuanto tiempo, pero desperté en sus brazos, así que dormité un rato más cuando menos pensé algo acariciaba mi sexo.
Estaba de espaldas a él. Sentía su pene entre mis nalgas y sus dedos en mi sexo que ya estaba húmedo y con ganas de más.
De un momento a otro se voltió sobre mi, agarró mis manos sobre mi cabeza y amarro una a una al poste de la cama.
El tipo tenía experiencia, era sumamente hábil en el asunto y yo me moría por tocarlo.
[piopialo vcboxed=»1″]Es normal, cuando tienes las manos amarradas, que quieras tocar aquello que no puedes #SábadoErótico [/piopialo]
Eso me calentaba aún más de lo que ya estaba.
Él me tenía a su merced. Empezó a besar mis pechos. Al principio con besos suaves y lentos y luego subiendo la presión.
No sabía que mis senos fueran tan sensibles, pero era impresionante lo excitada que estaba.
Luego me dijo, que le había gustado mucho mi mamada y que quería otra. Así que se subió encima de mí y metió su pene en mi boca.
Era una posición extraña. Nunca la había intentando, pero era genial.
Como no podía tocarlo pensé que iba a ser difícil, pero la verdad fue muy sencillo y excitante.
Cuando estuvo muy excitado bajo por mi cuerpo besándolo y acomodo su pene en la entrada de mi vagina.
Estaba tan excitada que este entró con gran facilidad.
No usamos condón porque lo habíamos hablado antes. Los dos nos habíamos hecho pruebas de SIDA recientemente y no teníamos ITS, así que decidimos que era mejor sin protección y la verdad es que era genial sentirlo así en mí.
El tipo era un maestro en el meter y sacar. Era especialista en tenerme al borde y dejarme sufriendo y pidiendo más cuando paraba y volvía a la lentitud.
Me atormentó por lo que creo fueron horas. Estaba tan necesitada de un orgasmo que empecé a exigírselo. Así que paró, soltó mis manos sin decir nada y me colocó en su regazo con el culo al aire.
Me dijo que por ser tan insolente me iba a dar una lección y empezó a azotar mi culo.
Estaba tan caliente que aunque al principio me sentí indignada, les juro que a eso del quinto golpe sentí tal placer que creo me corrí en ese momento.
Yo ya no podía hablar, entre sollozos y gritos estaba sin voz.
Él me puso de rodillas y desde atrás me penetró sin pausa y de una manera agresiva y deliciosa. Me vine dos veces antes de que él llegara.
Estaba exhausta. Satisfecha, pero totalmente agotada.
Nunca había tenido tanto sexo en un día con una persona y lo peor, era que quería que siguiera.
Nos quedamos nuevamente dormidos y cuando desperté la comida estaba en la cama.
Comimos, hicimos el amor nuevamente. Nos dimos una ducha rápida con más sexo incluído y luego dormimos por horas.
El día siguiente fue más de lo mismo: Mucha charla, muchos besos, caricias, sexo y sobre todo mucho placer.
Desde entonces, mi vida ha cambiado. Tom es un amante increíble, complaciente y aunque le gusta tener el control, la verdad no es algo que me incomode realmente.
Podemos hablar de todo, podemos reírnos y tenemos mucho en común.
Creo que poco a poco y lentamente me estoy enamorando de él y sé que él de mi también.
Es increíble lo que me hace sentir en la cama y fuera de ella.
[piopialo vcboxed=»1″]No pensé que fuera posible vivir excitada todo el tiempo, pero cuando se tiene la pareja indicada, es posible[/piopialo]
Así que sí, ahora soy una sumisa. Una sumisa feliz, entregada y sobre todo enamorada de un hombre que le gusta el control, pero sobre todo le gusta darme placer y verme feliz.
¿A caso no es eso lo que todas buscamos?

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Por Diana Garcés

Me encanta escribir sobre mis experiencias y las dudas que tengo con respecto a mi sexualidad y las relaciones. Por ello he creado este espacio para hablar y compartir contigo lo que vivo y aprendo.