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Viéndole las orejas al lobo: hablemos de prostitución

Cuando Sergio y yo viajamos a Colombia, vimos en todos los aeropuertos por los que pasamos unos carteles enormes donde avisaban a las personas, prestas a embarcarse hacia otro país, de la posibilidad de caer víctima de la trata de personas.
Decían, en resumidas cuentas, que pongamos mil ojos. Algo semejante a que “si te han ofrecido un gran trabajo en otro país para el cual todos los trámites parecen demasiado sencillos, y toda la oferta en sí es demasiado bonita, no se trata de un asunto fiable”.

Y eso me puso a investigar. En especial dado que, en años recientes, tanto Sergio como yo hemos conocido mujeres (y algún hombre) que se han prostituido voluntariamente. Claro está, esto es España y aquí las cosas funcionan un poquito diferente.
Para que tengas algo de contexto sobre mi interés por el tema y también algo de comprensión sobre por qué te lo presento, te hablo un poco más sobre mí.
Tiempo atrás trabajé en una ONG donde ayudábamos y dábamos atención a migrantes o personas interesadas en salir del país. Esta clase de prevención era necesaria entonces. Una constante, de hecho… y veo que aún hoy sigue siendo necesario que nos adviertan.
Por ello, digamos que se me ha quedado el reflejo, en especial dado que en este proyecto me comprometí a hablar de opciones y alternativas para que puedas tomar decisiones informadas y lo más conscientes posible (tal como hacía en la ONG y hago en el resto de mis proyectos).
La curiosidad es que, desde que vine a España y pude viajar por Europa, vi otra cara en este asunto.
Tal vez porque en España (y en prácticamente toda Europa) tienen fuertes instrumentos de prevención contra el proxenetismo y la trata de personas.
La ley española afirma que ni siquiera con el consentimiento de la persona que se prostituya puede uno participar de la prostitución de alguien, ni mucho menos lucrarse de esta. Tener un local donde se ejerza la prostitución es legal, siempre y cuando no haya lucro por parte del dueño ni se promueva la venta de sexo en el mismo.
Esta zona está fuertemente vigilada, hasta por Estados Unidos, debido a que recibe tránsito de mujeres y de menores de muchos orígenes:

  • Europa del este (principalmente de Rumanía y Bulgaria),
  • Latinoamérica (Brasil, Colombia, Ecuador, Paraguay, Rep. Dominicana y Venezuela, con mayor frecuencia),
  • Asia (particularmente desde China),
  • África (principalmente de Marruecos y de Nigeria).

La prostitución en sí misma no está prohibida en España (aunque hubo un tiempo durante la II República en que sí lo estuvo), y la opinión pública está dividida en cuanto al tema. Se habla con la misma frecuencia y contundencia de regularizarla o bien de abolirla.
En algunos países europeos, la prostitución se desalienta con castigos legales a los clientes, un modelo en el que Suecia fue la pionera y que posteriormente sería adoptado por otros países, como Francia, Irlanda y Noruega. En el caso de España, se multa a quienes fomenten o ejerzan la prostitución callejera.
El actual gobierno español (con Pedro Sánchez y el PSOE a la cabeza) se reconoce como abolicionista.
Las leyes actuales prescriben condenas a prisión a toda persona que “solicite, acepte u obtenga, a cambio de remuneración o promesa, una relación sexual”, aunque en este caso se refiere específicamente a relaciones con menores de edad.
Si fueran relaciones con mayores de edad hay multas tanto para los clientes (hasta 3.000 euros) como para los oferentes (hasta 750 euros).
En otros países de la zona, como Holanda y Austria, se ha regularizado la prostitución y se ha incluido a los trabajadores del sexo en un régimen especial de la Seguridad Social. Reciben determinadas prestaciones siempre que se ajusten a una serie de normas y criterios de trabajo.
Ello conlleva que en España haya sindicatos y asociaciones reclamando para recibir el mismo trato y consideración. Al fin y al cabo, si se trata de una profesión escogida libremente, es lógico que deseen ejercerla cuidando de todos los aspectos importantes, ya sean legales, de seguridad y salubridad u otros.
Personalmente creo que así debería ser. Al fin y al cabo, somos libres de elegir lo que queremos hacer con nuestra vida y eso incluye el tema laboral, desde luego. Y así como hay personas que disfrutan enterrando muertos, algunos disfrutan teniendo sexo a cambio de dinero.
¿Cuál es el problema?
Sin embargo, la doble moral sigue imperando en nuestro mundo, y mientras esto siga siendo así. Algunos dirán que es malo, mientras visitan negocios tanto en ciudades cercanas como por Internet.
Porque esa es otra cosa, gracias a Internet el mundo de la prostitución ha dado un giro considerable en nuestras vidas.
Hoy en día, es común encontrar en la red páginas que ofrecen servicios de acompañamiento de todo tipo. Escorts que dan un gran abanico de posibilidades para aquellas personas que realmente desean disfrutar otro tipo de relaciones y acompañamiento que no tienen o que no se atreven a vivir con sus parejas.
Y es que, mientras no aprendamos a pedir, compartir y expresar deseos, es muy normal que sigamos recurriendo a otras personas que sí se presten a satisfacerlos así sea por dinero.
Y no creo que sea algo malo. De hecho, creo que todo está bien, siempre que se haga desde el respeto y la responsabilidad personal.
No se vale tirar la piedra y esconder la mano, sobre todo si andas en el camino de construir una relación consciente y auténtica donde prime el respeto, la sinceridad y el placer compartido.
¿Vives este tema como un tabú? ¿Tienes clara tu opinión al respecto?

Por Diana Garcés

Me encanta escribir sobre mis experiencias y las dudas que tengo con respecto a mi sexualidad y las relaciones. Por ello he creado este espacio para hablar y compartir contigo lo que vivo y aprendo.

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